Acabando de abordar la guagua pública desde la Estación de Río Piedras hacia Hato Rey, veo como se empieza a llenar muy rápidamente el autobús. Un muchachito ‘reggaetón’ a través del pasillo, está rechazando obstinadamente mover su mochila del asiento al lado de él. Él simplemente mira hacia fuera de la ventana a nada en particular. En un principio asumo que simplemente es narcisista y tan lleno de sí mismo que se le olvido que su mochila no permite que otros se puedan sentar. Pero me doy cuenta, como si él poseyera un sexto sentido, el ‘Reggaetonero’ sabe cuando una persona está a punto de preguntarle si puede mover su mochila; y en esos momentos él abruptamente se mueve hacia la persona y procede a fruncir el ceño, hasta que ellos optan no hablar y continuar al final del pasillo.
Repentinamente, una joven encantadora sube, una de esas muchachas que están tan obviamente inconscientes de su propio encanto que son doblemente atractivas en los ojos de otros. Cada uno de nosotros admira como ella camina en el pasillo como una novia en una boda improvisada, a excepción del ‘Reggaetonero’ que está ocupado mirando con coraje a las palomas en la acera o quizás estaba pensando en el día que su música pegará lo suficiente para que no tenga que volver a coger la guagua pública. No sé.
La Bella ve el asiento al lado del ‘Reggaetonero’, hace un encantador salto, agarra uno de los postes de ayuda y comienza a deslizarse hacia el asiento. Pero, entonces ella ve la mochila, interrumpe de alguna manera su movimiento, y dice un "¡oooops!" volteándose a caminar hacia la parte posterior de la guagua. El ‘Reggaetonero’mientras tanto, que ha dado vuelta hacia ella con su cara enojada, maneja cambiarla a cara sorprendida y después encantada y después desanimada - todas en el espacio de un segundo. Él saca su mochila rápidamente, pero es demasiado tarde. En ese instante un hombre en sus cuarenta-y-tantos-años ocupa el asiento vacante, pero el ‘Reggaetonero’ no ofrece ninguna protesta, pues él ahora vira su cuello, explorando la parte posterior de la guagua e intenta localizar su oportunidad perdida.
Es casi una tragedia griega en un acto.